miércoles, 25 de septiembre de 2013

Yunka

El estío calentaba con fuerza la tierra y el calor del momento encendía hasta el más frío de los corazones cordilleranos.
 Lo vio venir quebrada abajo: altísimo, fuerte, varonil, de caminar lento y pausado. Su corazón agitado no podía soportar la cercanía del joven, de pronto el latido escaló por la garganta impidiéndole respirar.
Sus miradas coincidieron y el rubor subió en escalada por sus mejillas, el hombre  le propinó un seco saludo con la vista, ella se sintió desfallecer.
Entrada la noche divisaba las primeras estrellas cuando oyó el relinchar de caballos, el alboroto le quitó la quietud.
Ansiosa quería ver que estaba sucediendo, pero el miedo pudo más, en un abrir y cerrar de ojos fue presa por  la cintura y elevada hasta al lomo del caballo que galopaba brioso cuesta abajo en la quebrada. Confundida quiso mirar alrededor pero un fuerte brazo la aprisionaba casi impidiéndole respirar, la rudeza del hecho le asustaba, los sollozos se hicieron parte de ella, el miedo la inundaba, poco a poco la extremidad dejó de hacer presión al sentir el húmedo contacto con las lágrimas.
 El caballo se detuvo en una choza, al bajar notó que era el mismo joven de la mañana. La rodeó con sus brazos fuertes, la besó en la boca hambriento de deseo ,  fue despojándola de sus ropas sin delicadezas. Cuando la tuvo frente a si completamente desnuda, casi no pudo sostenerse en pie, el color canela de la piel de la muchacha contrastaba con las mejillas encendidas, la pasión se hizo dueña del hombre.
La tomó  tiernamente llenándola de caricias, se recostó en la tierra que estaba  aún caliente,  una  fuerte conexión entre la madre tierra y ellos se hizo patente, observó el cielo plagado de estrellas que  hizo el marco para la figura desnuda de la mujer que a horcajadas se dejaba penetrar subiendo y bajando en medio de un éxtasis sin comparación.
Ambos cabalgaban unidos y vivían el primer encuentro en Sirviñacuy.



domingo, 1 de septiembre de 2013

Michi

Apareció en la madrugada, atraída por el sonido del sistro y la música que provenía del lugar. En el cielo nocturno  iluminaba la estrella de Sirio. Sombría y oscura,  trepó por la ventana hasta el faldón que cubría la cama.
 Lo vio dormido: de costado cabellos libres, barba crecida y torso desnudo, el compás de la respiración asemejaba un ronroneo dulce y profundo. Caminó elegante y graciosa por las ropas de la cama hasta introducirse en el lecho tibio, se acomodó al costado y sintió la piel del hombre en la suya. Con movimiento suave acercó su cabeza a la cara de él  frotando su mejilla y despertándolo. La tomó con delicadeza y acarició su cuerpo desde la cabeza hacia la cola, abrigándola suavemente contra su pecho, mientras el compás de ronroneos se hicieron música en la bella madrugada.
Despertó y lamió suavemente la barba del hombre, bajó por el cuello oliéndolo y causando un tierno cosquilleo en su cuerpo, lentamente recorrió su piel por completo. Él se dió la vuelta encontrándola a su lado desnuda. La acercó contra sí mismo, sintiendo los pechos redondos y duros contra su piel ardiente. En un abrir y cerrar de ojos estaban unidos profundamente ella sobre él cabalgando en la madrugada de pasión, labios y sudores juntándose en un impetuoso grito de placer.

Una vez cada cierto tiempo desde Janaxpacha,  Killa junt´asqa une a las vidas que en tiempos anteriores no pudieron jamás coincidir.