Apareció en la madrugada, atraída por el sonido del sistro y la música que provenía del lugar. En el cielo nocturno iluminaba la estrella de Sirio. Sombría y oscura, trepó por la ventana hasta el faldón que cubría la cama.
Lo vio dormido: de costado cabellos libres, barba crecida y torso desnudo, el compás de la respiración asemejaba un ronroneo dulce y profundo. Caminó elegante y graciosa por las ropas de la cama hasta introducirse en el lecho tibio, se acomodó al costado y sintió la piel del hombre en la suya. Con movimiento suave acercó su cabeza a la cara de él frotando su mejilla y despertándolo. La tomó con delicadeza y acarició su cuerpo desde la cabeza hacia la cola, abrigándola suavemente contra su pecho, mientras el compás de ronroneos se hicieron música en la bella madrugada.
Despertó y lamió suavemente la barba del hombre, bajó por el cuello oliéndolo y causando un tierno cosquilleo en su cuerpo, lentamente recorrió su piel por completo. Él se dió la vuelta encontrándola a su lado desnuda. La acercó contra sí mismo, sintiendo los pechos redondos y duros contra su piel ardiente. En un abrir y cerrar de ojos estaban unidos profundamente ella sobre él cabalgando en la madrugada de pasión, labios y sudores juntándose en un impetuoso grito de placer.
Una vez cada cierto tiempo desde Janaxpacha, Killa junt´asqa une a las vidas que en tiempos anteriores no pudieron jamás coincidir.

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