Flotaba de espaldas en el agua mientras lo observaba, sus fuertes rayos le brindaban el calor necesario para mantenerse en las gélidas aguas de inicios de Octubre.Lo amaba y a diario se entregaba a sus cálidos brazos, en la orilla del río.
Él quizá no la amaba, pero la deseaba cada día que la veía desnuda flotando allí. A esa hora brillaba con más fuerza para comunicarle su deseo, abrigando su frágil cuerpo color canela, sus pechos redondos y duros, sus mínimos pezones, erectos por el frío o por la pasión que despertaba en ella. Largas piernas, pubis descubierto, todo su cuerpo mirándole de frente, desafiante, deseoso.
Sintió inflamarse por dentro más que nunca, lleno de pasión quiso dejar de ser deidad y bajar a la tierra para tenerla, para sentirla, para amarla.
Sintió inflamarse por dentro más que nunca, lleno de pasión quiso dejar de ser deidad y bajar a la tierra para tenerla, para sentirla, para amarla.
Ella se levantó más tarde que de costumbre, esta vez los rayos de Taita Inti no la despertaron, el día nublado no quitó sus ganas de bañarse en la quebrada como era su costumbre. Lo buscó en la inmensidad del cielo y no lo encontró, las nubes impedían divisarle como en otras ocasiones, se entristeció por largo rato, hasta que sintió la fuerza de una mirada.
No muy lejos un alto varón la atisbaba, el desorden de largos cabellos del color de los trigales maduros adornaban un rostro amable, de mirada penetrante.
Se fue acercando y a cada paso le transmitía su calor, el agua poco a poco fue templándose y con ella su cuerpo desnudo.
Se fue acercando y a cada paso le transmitía su calor, el agua poco a poco fue templándose y con ella su cuerpo desnudo.
De espaldas en el agua lo vio enmarcado en el gris cielo, de pie frente a ella lo reconoció de inmediato.
Abrió sus torneadas piernas y se entregó sin tapujos.
Todo su ser se introdujo dentro de ella una y otra vez, por fin la tenía entre sus brazos ya no sería de ningún hombre de la tierra, ahora era sólo de él.
Abrió sus torneadas piernas y se entregó sin tapujos.
Todo su ser se introdujo dentro de ella una y otra vez, por fin la tenía entre sus brazos ya no sería de ningún hombre de la tierra, ahora era sólo de él.
Se amaron intensamente esa mañana y los lugareños por vez primera, se sorprendieron ante la frialdad del día que contrastaba por primera vez, con la calidez del agua de la quebrada.

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