Era imposible no pensar en el pasado, uno a uno los años desperdiciados iban golpeando su cabeza como campanadas que anuncian la llegada de un difunto. El vacío interior parecía más amplio cada vez que centraba su mirada en la inmensidad del mar, la soledad llenaba cada poro de su cuerpo, cerrando las ventanas al sentido común.
Aunque fue ella quien decidió partir, no pudo sostenerse en equilibrio con la realidad.
El vaivén de las olas, la invitaba a sumergirse, la frescura del agua sin duda apagaría aquel dolor quemante que le impedía estar en paz.

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